En el Zohar (Parashat Pinjás), se enseña que la sucá no es solo una cabaña física, sino una manifestación de la Shejiná, la Presencia Divina. Cuando un judío entra en la sucá con intención pura, la Shejiná extiende sobre él sus alas, como una madre que protege a sus hijos.
Cada noche de Sucot, según la tradición cabalística, llegan los Ushpizin —invitados celestiales— a la sucá: Avraham, Itzjak, Yaakov, Moshe, Aarón, Yosef y David. El Zohar dice que estos tzadikim no vienen solos, sino acompañados por legiones de ángeles que rodean la sucá con luz.
Una vez, cuenta el Zohar, un hombre humilde construyó una sucá pequeña, apenas sostenida por ramas y cuerdas. No tenía decoraciones ni comida abundante, pero encendió las velas con alegría y recitó la invitación a los Ushpizin con lágrimas de gratitud. Esa noche, la Shejiná descendió sobre su sucá con más intensidad que en los palacios de los ricos.
“Porque el corazón quebrantado y humilde es el trono de la Divinidad.”
